“Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo”

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Red de Apoyo
En las diferencias radica el aprendizaje
01/10/17

“Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo”

Mercedes Sosa, Todo Cambia

La interculturalidad surge desde el intercambio de nacionalidades, de regiones, de características propias de un sector, de religiones o ideologías; orientando a un determinado grupo hacia actitudes, valores, comportamientos, vestimenta y actuación de las personas signado por la diversidad. Territorialmente, las regiones pueden tener características que las distinguen, definen y nos llevan incluso a clasificarlas; en nuestro país este tema se relaciona directamente con las etnias indígenas y la forma de vida de las mismas. En Venezuela, encontramos también diferentes culturas de otros países que se han unido para dar origen a otras, como es el caso de la afro descendiente o, por ejemplo, alguien que es venezolano, pero también luso descendiente por ser de padres de origen portugués, haciendo de dos culturas una sola en la vida. Es decir, existen diversas formas de manifestación de culturas ya sean elegidas o no, que enriquecen nuestra sociedad y la escuela no se encuentra exenta de ello.

Hoy día existen múltiples tradiciones y visiones que intervienen en la interculturalidad; no podemos dejar a un lado a los grupos urbanos que se forman en diferentes sectores citadinos, parte de los grupos sociales que obviamente asisten a la escuela, trayendo una serie de actitudes, artículos y elementos, formas de conversar y de pensar que enriquecen el acervo cultural de nuestro salón de clases y, por consiguiente, de la escuela.

La escuela y las formas de cultura

Los centros educativos no pueden hacer caso omiso de estas formas de cultura. Mucho menos generar ante la presencia de este grupo de niñas o niños en el plantel, una situación de alarma, ni penalizar o sancionar (recordando lo estipulado por ejemplo en el reglamento oficial que contempla el uso del uniforme escolar). Si nos vamos al desarrollo pleno de la personalidad, contenido en nuestra Constitución y en la Ley Orgánica de Protección al Niño, Niña y Adolescente (LOPNNA) hablaríamos de la oportunidad de dejar que dichos grupos permanecieran no sólo en las ciudades, sino en las aulas. Lo importante, ante la presencia de estos grupos en las escuelas, es saber por qué pertenecen a los mismos, pues sólo conociéndolos y entendiéndolos podremos aprender e integrarlos al sistema educativo, al aprendizaje y, por supuesto, a la participación.

 ¿Cómo trabajar la interculturalidad urbana en el colegio?

Sencillo. Para aplicar el enfoque de derechos humanos e interculturalidad en el aula es necesario respetar las diferencias que existen entre todas y todos los que estamos presentes en las aulas, para evitar los problemas de exclusión entre grupos. Si se trata de Educación Básica, se puede realizar la planificación de un Proyecto de Aprendizaje (PA), cuyo  tema principal  o  central  sea el  aprendizaje de diferentes culturas urbanas tomando en cuenta aquellas que ya son conocidas o, incluso, seguidas por las y los estudiantes, utilizando diferentes estrategias y actividades; por ejemplo, exposiciones, dramatizaciones, investigaciones, murales, entrevistas, sopas de letras, que les permita comprender y aprender sobre estas formas de organización.

Si se trata de Bachillerato, la cuestión puede ser más compleja debido a que no existen proyectos de aprendizaje integrado; sin embargo, pueden planificarse jornadas para la presentación de dichas culturas, reflexiones grupales de lecturas relacionadas con el tema, dramatizaciones, o las mismas exposiciones de quienes pertenecen o se identifican con determinados grupos urbanos y ferias de talentos (puesto que la mayoría se relaciona con algún género musical). La idea es promover la aceptación de las diferencias e, incluso, utilizarlas para generar aprendizajes significativos, siempre y cuando las mismas no atenten contra la integridad física propia o la del grupo, claro está.

¿Cómo podemos generar el debate para el aprendizaje?

A través de preguntas que generen reflexión.  Inviten a sus estudiantes a realizar las preguntas en grupo: ¿Qué representa esa cultura? ¿Por qué pertenecen a ella? ¿Cómo nació la misma? ¿Qué ideales tiene? Todas estas interrogantes requieren de la investigación, lo que promueve entonces ejercicios como la lectura comprensiva; el hecho de resumir información, el hábito de investigar y argumentar la toma de decisiones permitirá que el grupo de estudiantes se informe acerca de la cultura a la que pertenecen y, a su vez, incentiva la participación, el respeto, el conocimiento y la aceptación de diversos grupos y manifestaciones culturales.

¿Para qué nos sirve todo esto?

Para promover espacios de inclusión, de participación y dignidad. La sociedad se encuentra en constante cambio, por lo que el sistema educativo también debe incluir esos cambios a su modo de actuar y de pensar. Desde siempre ha habido manifestaciones culturales que por ser etiquetadas o excluidas han traído los problemas de “rebeldía” entre estudiantes, escuelas y comunidad, dejando como consecuencia incluso la deserción escolar. Si promovemos la igualdad de derechos, de oportunidades, dejando a un lado los estereotipos que se han generado en las aulas, tendremos estudiantes preparadas y preparados, motivadas y motivados y, sobre todo, ciudadanas y ciudadanos con personalidad plena y consciente de derechos. 

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Editorial Red de Apoyo

Opinión - Correo del Orinoco