Red de Apoyo
Transnacionales, derechos humanos y democracia
25/09/17

¿Puede llamarse democracia a un modelo de sociedad en donde el poder del capital se impone a la voluntad y a los derechos de las mayorías? La democracia representativa de las economías de mercado, que es la forma hegemónica de la democracia en el mundo, responde, con sus prácticas, un rotundo sí.

Las maneras en las que el capital filtra al poder político y se hace de el, sin necesariamente ser visto, son tan amplias como eficaces. Los análisis históricos de batallas concretas facilitan la visibilidad de esas filtraciones y ponen de relieve la necesidad de experimentar formas contrahegemónicas de democracia. Una poca conocida de esas batallas viene ocurriendo, desde hace casi 50 años, en el seno de la ONU. Se trata de los intentos por crear un tratado internacional que consagre la primacía de los derechos humanos sobre los privilegios de las corporaciones transnacionales.

En 1972 Salvador Allende, advirtió en la ONU sobre el “enorme poder de las empresas multinacionales y de la ausencia de un control público sobre ellas[1]. En 1973, después de la actuación de la transnacional ITT en Chile, durante el golpe de Estado, la ONU convocó a un “Grupo de Personas Eminentes[2] para evaluar el efecto de las empresas transnacionales sobre los derechos humanos y la democracia. El informe de este grupo dio origen al Centro de la ONU sobre Corporaciones Transnacionales, que debía “…elaborar un código de conducta que regulara, de manera vinculante, las actividades de las multinacionales en relación con los derechos humanos” [3]. El Código nunca fue aprobado, dada la oposición del Norte Global y del lobby empresarial. El Centro fue muriendo lentamente hasta que, en 1994, desmantelan lo que quedaba.

En 1998 la hoy extinta Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos de la ONU (la Subcomisión) adoptó una resolución para crear un Grupo de Trabajo que estudiara la “…actividad y los métodos de trabajo de las empresas trasnacionales en relación con el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales”[4]. En un párrafo señalaba que “…uno de los obstáculos que se oponen al ejercicio de esos derechos consiste en la concentración del poder económico y político en manos de las grandes empresas transnacionales[5]. Paralelamente, en 1999, Koffi Annan lleva al Foro Económico Mundial su propuesta de “Pacto Global” para promover el “capitalismo global responsable”. El Pacto, enmarcado en lo que se llamaría la “Responsabilidad Social Empresarial”, es la respuesta del capital y los países del Norte Global a los intentos de regulación externa. Apunta a una voluntaria autoregulación del empresariado.

En 2003 la Subcomisión aprobó las “Normas sobre la Responsabilidad de las Empresas Transnacionales y otras Empresas Comerciales”, estableciendo un conjunto amplio de obligaciones empresariales. Las empresas transnacionales reaccionaron de inmediato con “…un documento firmado por la Cámara de Comercio Internacional y la Organización Internacional de Empleadores... En el afirmaban que el proyecto de la Subcomisión socavaba los derechos humanos, los derechos y los legítimos intereses de las empresas privadas. También se apuntaba que las obligaciones en materia de derechos humanos corresponden a los Estados y no a los actores privados, y exhortaban a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a rechazar el proyecto aprobado por la Subcomisión[6]. En 2005, la Comisión de Derechos Humanos los complació y desaprobó el proyecto de Normas. En su lugar, en 2006, Koffi Annan nombra a un Representante Especial (John Ruggie) “…para la cuestión de los derechos humanos y las empresas transnacionales y otras empresas”, para que trabajara unos principios no vinculantes, es decir no obligatorios.

En 2011 el Consejo de Derechos Humanos, aprobó por consenso los “Principios Rectores” de Ruggie. Unas normas no obligatorias, con mínimos efectos. En 2012 la empresa minera Barrick Gold, con un prontuario en materia de derechos humanos nombró a Ruggie miembro de su Junta de Asesores en materia de Responsabilidad Social Empresarial[7]. En 2013, una Declaración liderada por Ecuador y Suráfrica, firmada por más de 80 países (entre ellos Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua) denuncia “que los Principios Rectores no tendrán ninguna consecuencia efectiva a menos que se cree un marco basado en instrumentos legalmente vinculantes para que puedan regularse y sancionarse las acciones ilegales de las corporaciones transnacionales[8]. En 2014, el Consejo de Derechos Humanos adoptó una resolución para elaborar “…un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre las empresas transnacionales y otras empresas con respecto a los derechos humanos” y encomendó la tarea a un “Grupo de Trabajo Intergubernamental de Composición Abierta sobre las empresas transnacionales y otras empresas con respecto a los derechos humanos”, que desde 2015 preside Ecuador. El Grupo ha realizado dos sesiones de trabajo y el próximo mes de octubre de 2017 debe presentar un borrador de Instrumento, para su discusión.

Damos por descontado que el Estado venezolano apoyará a Ecuador en ese debate. El reto actual consiste en ir aumentando los apoyos a este instrumento vinculante, tanto de Estados como de personas, movimientos, colectivos, sindicatos y partidos, en todo el mundo. Si usted quiere dar un aporte a esa pequeña batalla en la que se disputa la idea misma de democracia, puede firmar la Declaración que propone el Movimiento Global por un Tratado Vinculante (https://treatyalliance.squarespace.com/declaracion); acceder a información, compartirla y participar de los debates.



[1] Erika González, “Diccionario crítico de empresas transnacionales”. Consulta en línea: http://omal.info/spip.php?article4846

[2] Gonzalo Berrón, “Derechos humanos y empresas transnacionales Una discusión urgente” Julio-Agosto, 2016. Consulta en línea: http://nuso.org/articulo/derechos-humanos--empresas-transnacionales/

[3] Erika González. Op. Cit.

[4] Campaña Global Desmantelemos el poder corporativo, “Ideas y propuestas para avanzar hacia un Tratado Internacional de los Pueblos para el control de las empresas transnacionales”. Consulta en línea: http://omal.info/spip.php?article6438

[5] Ídem

[6] Campaña Global Desmantelemos el poder corporativo, Op. Cit.

[7] Alejandro Teitelbaum, “Los principios rectores sobre las empresas y los derechos humanos. Garantía de la impunidad del poder económico transnacional”. Consulta en línea: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=175332

[8] Campaña Global Desmantelemos el poder corporativo, Op. Cit.

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Antonio J. González Plessmann Correo del Orinoco 

Opinión Red de Apoyo por la Justicia y la Paz